12 feb. 2015

El descenso de Júpiter

Chicago, hacia 2010
Barbacoa familiar en casa de los Wachowski
Diez cervezas después...

- ¡Lana, Lana, se me ha ocurrido una idea genial!

- Dime, Andy, dime.

- ¿Y si la Tierra fuera una granja, un campo de cultivo para extraer la vida por parte de unas mega corporaciones familiares que vampirizan a los seres humanos para intentar obtener la vida eterna?

- Guau, Andy, muy profundo... ¿y te imaginas que esos seres deciden que la Tierra está madura?

- Oh, Lana, se te ocurren unas ideas geniales.

- Y entonces podríamos hacer que... que...

- Sí, podríamos hacer que unos... unos...

- Tío, no se me ocurren más ideas...

- Tía, a mí tampoco... eso sí, tiene que haber un elegido.

- Eso no es negociable, Andy, eso no es negociable.

Algo así debió de ocurrir el día que a los Wachowski les dio por crear esta película. La premisa macro está muy bien pensada, tiene entidad, pero el resto... el resto parece que han cogido los clichés de la Guerra de las Galaxias, que siempre funcionan bien, y los han colocado de tal manera que los ves y los reconoces y te das cuenta desde el primer minuto que no funcionan.

Visualmente, la película es una gozada. Los escenarios, los trajes, los aparatos, la tecnología, los sintéticos, los extraterrestres, las corporaciones, los burócratas, las naves... pero en estático. Porque en cuanto empiezan a moverse y abren la boca, el precio del pan se dispara. "Como un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no tiene ningún sentido". Shakespeare sabía cuando decía esto cómo era el guión de la película.

Casi tan vacío con el guión.
Los protagonistas son planos. Aunque creo que para la protagonista habría que inventar otro concepto aparte, ya que la simple planez no le sirve. Es... etérea, sí. Insulsa. Sustituible por una muñeca hinchable, sí. Se supone que es el hilo conductor de la trama, la elegida que tanto les gusta a todos los que hacen epicidades en pantalla, pero su función es ser rescatada cada diez minutos de metraje, normalmente de una caída al vacío. Las motivaciones no son creíbles. Ni siquiera la tensión sexual es real, todo es fachada. Predecible. Un trámite más en la lista de "Cosas que meter en una película".
El auténtico Destino de Jupiter Jones
Hacía mucho tiempo que no me aburría viendo una persecución. ¡Y encima una persecución con naves espaciales en llamas en una ciudad! Son cinco minutos, que comparados con la última escena de Los Vengadores no es nada, pero se me hizo más larga. Muchísimo más larga.

Además, la música te bombardea todo el tiempo. Hay ratos en la sala de cine en los que se echan de menos unos tapones, para descansar un poco la mente y los sentidos. Entre la fotografía que te grita: ¡esto es épico, esto es épico! todo el rato y la música que no te deja descanso, ni pausa, sino que te atrona con su resonante epicidad, tu mente se confunde. Sí, debería ser épico. Pero no lo es.

Del doblaje y de la traducción, mejor correr un estúpido velo. ¿Jupiter Ascending significa El Destino de Júpiter? ¿Si Ascending significa Destino, por qué luego Jupiter tiene que pasar por un proceso llamado "ascensión"? Misterioso. Si los malos ya son histriónicos de por sí en sus maneras y ademanes, el dobleje hace que sean repelentes. ¿No había dinero para Ricolas en post producción?

Sean Bean ayuda, pero finalmente resulta ser una silueta de cartón en un fondo futurista preciosista, como los demás.

Bonita por fuera, pero hueca, sin alma. Para ver en casa, tranquilamente, y disfrutar de las vistas. El resto, sobra.

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