29 jun. 2015

Walküre - Zvezdnayalak (I)

3 de octubre de 1997

El viejo autobús partió a primera hora de la mañana, saliendo de Moscú con una treintena de trabajadores a bordo. A diario, rotaciones del personal no esencial de Zviozdni Gorodok, una de las bases más importantes y más viejas del CGEC, entregaban relevos a toda clase de operarios y funcionarios de la Unión. A Andrei Tokchev no se le escapaba que cada nuevo autobús era una oportunidad de infiltrar espías extranjeros en las instalaciones de algunos de los proyectos más importantes de la carrera espacial soviética.

Pero sus superiores no querían ni escuchar a aquel funcionario tan pragmático. Las rotaciones habían funcionado bien durante treinta años, evitando que ningún ciudadano llegase a aprender demasiado sobre lo que se hacía allí. Sin duda eran mentes contrarias a la política de cambios promovida por Ryzhkov. Y eso era un problema, mayor que una simple cuestión de opiniones contrarias, ya que un país que estaba haciendo cambios tan profundos no podía dejar piezas obsoletas en su maquinaria.

Al menos había conseguido que le mandasen una hornada de nuevos agentes. El cuerpo de policía de Gorodok había sido invadido por la burocracia, y su eficacia dejaba mucho que desear. No había crímenes en Gorodok más allá de alguna reyerta ocasional provocada por el alchol y los superiores de Tokchev lo sabían. Lo verdaderamente importante era detectar topos e informadores. Tokchev se jugaba mucho investigando con personal irregluar que el mismo había designado. Podían acusarle de traición. Pero era la única manera. Al menos hasta ahora.

Tenía planes inmediatos para aquel grupo formado por los más variopintos individuos que sin embargo esperaba pudiesen llegar a ser un equipo excepcional. Habían estado pasando cosas. Él era un hombre de instintos, y algo le decía que no todo eran simples coincidencias o trabajadores idiotizados por el alcohol.

Sobre su mesa tenía preparadas las nuevas identidades, credenciales e información sobre su nuevo cometido. Esperaba impacientemente en su despacho, deseando descubrir si este nuevo cambio daba resultado, cuando su secretaria lo llamó por el interfono.

El autobús programado para hoy acababa de llegar...


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