14 sept. 2016

Walküre: Liga Anti-Gravedad (II)

Este es un pequeño texto de ambientación para Walküre que he creado en anticipación a una aventura que estoy preparando. Espero que os guste. (Primera parte aquí)



El éxito de la AGL no se debe sin embargo a la tecnología, puesto que en el siglo XXI las competiciones deportivas son en muchos casos un espectáculo que mueve ingentes cantidades de dinero. En lo que corresponde a la AGL, es sin duda la altísima velocidad que son capaces de alcanzar los «gravicars» lo que atrae a las masas.

Un circuito AGL estándar tiene entre 15 y 25 Km de recorrido, en los que se fija un número de vueltas equivalente a recorrer 500 Km. La velocidad media en muchos de ellos suele rondar los 800 Km/h, con máximas de hasta 1.500 Km/h.

Como puede imaginarse, la capacidad de reacción necesaria para pilotar un aparato así está muy por encima de lo humanamente posible. Esto da un sentido completamente nuevo a la competición en la categoría de pilotos: Por un lado, el aspirante a subirse en un AGL debe reunir unas condiciones físicas y psíquicas excepcionales para asimilar las extremas modificaciones biomecánicas a las que será sometido su sistema nervioso.

Por otro, los ingenieros deben ser capaces de sacar el máximo partido a la simbiosis humano-máquina que se produce gracias a dichas modificaciones, en las que el piloto controla el gravicar como si de una extensión de su cuerpo se tratase.

No hay distinciones entre hombres y mujeres. Cualquiera puede cumplir los requisitos mínimos para convertirse en una estrella de la AGL. Solo el hecho de poder competir con un gravicar es un privilegio al alcance de unos pocos.

Y lo mismo podría decirse de quienes obran estos milagros: Ingenieros y científicos que forman una élite entre los inventores y descubridores como pocas existen en el sistema solar.

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