10 oct. 2016

Obsolescencia Programada

Disclaimer: Voy a cerrar los comentarios de este artículo porque no quisiera que ningún usuario mentase o hiciese preguntas sobre marcas comerciales. No me quiero buscar líos legales. Si alguien quiere investigar sobre el asunto, Internet es un libro abierto (dicen).

De forma simplificada, se llama obsolescencia programada a la creación de un producto con una vida útil limitada de forma intencionada. El término ni es nuevo ni se limita al mundo tecnológico, ya que existen corrientes de pensamiento religiosas que lo utilizan para definir el ciclo vital como algo creado premeditadamente por un ente superior. Por ejemplo, es empleado a veces como alegato transhumanista para decretar que el ser humano debe oponerse y vencer a esta "cuestión de diseño", de la misma manera en que rechaza que aquello que consume tenga que tener una duración limitada.

Dejando a un lado cuestiones metafísicas, el tema en si es muy escabroso porque es difícil discernir entre lo que verdaderamente ha sido programado para terminar al cabo de un tiempo, de lo que es mero desgaste o limitaciones tecnológicas y de relación calidad/coste/accesibilidad; hasta el punto de que habitualmente cada vez que se nos rompe algo lo achacamos a este concepto buscando descargar nuestra frustración en el prójimo. Y la verdad es que más veces de las que creemos, lo que nos ha pasado es lo que de toda la vida se ha conocido como una avería, (o una negligencia por parte de esta tendencia consumista de preocupaciones cero que se ha creado).

Pero la leyenda urbana ya está creada, y en esta época de posmodernismo es difícil tratar de razonar en contra de ella. Aunque aquí, este ser racional implacable que escribe, va a intentar esclarecer un poco esta difusa línea.


El término salta a la fama
El que probablemente sea el caso más sonado de obsolescencia programada tuvo lugar hace unos cuantos años, cuando las bombillas de bajo consumo empezaron a reemplazar a las de filamento incandescente tradicionales en los hogares. Estas bombillas necesitan un arrancador similar al de las fluorescentes para encenderse, pero debido a que son más compactas no pueden llevar el binomio de cebador + reactancia de las primeras, así que utilizan un equivalente llamado balastro electrónico. Otra peculiaridad es que al funcionar a temperaturas más bajas que los filamentos, eran mucho más resistentes y tenían una vida útil más larga.

Cierta marca fabricante de estas bombillas debió decidir que no podía asimilar una pérdida de ventas debido a este hecho, por lo que introdujo en el balastro electrónico un contador que registraba el número de arranques, haciendo que al llegar a un valor determinado, abriese un contacto interno que impedía al balastro funcionar. El registro introducía además un factor aleatorio de fábrica para que el número en el que se paraba no fuese siempre el mismo, no vaya a ser que les pillasen.

Pero ocurrió. Otra empresa cliente de la primera dedicada al mantenimiento de edificios de oficinas, descubrió que sus bombillas tenían la extraña tendencia de romperse casi al unísono, y que cambiando de marca esto no sucedía. Tras un estudio, el escándalo finalmente salió a la luz y así es como la población empezó a hacerse eco sobre esto de la obsolescencia programada.


Transgénicos GURT
Hará cosa de unos venticinco años, empezaron a investigarse tecnologías para la restricción en el uso de semillas transgénticas, de manera que las obtenidas en la segunda generación del cultivo fuesen estériles. Agrupadas bajo el acrónicmo GURT, tenían como intención el poder introducir plantas invasoras en otros ecosistemas sin peligro para la flora y fauna local. Pero bajo esta intención existían otras que relacionaban el GURT con la fabricación de armas biológicas.

Ciertamente, esto es obsolescencia programada y por suerte es ilegal en prácticamente todo el mundo y de fácil detección. Pero la última rama relacionada con la conspiración armamentística, ha generado una paranoia hasta cierto punto justificable en que nos estén vendiendo semillas transgénicas dotadas de obsolescencia programada activable mediante un actuador externo, que vendría en la forma de agente químico liberado desde el aire. O peor aun: Que la no liberación periódica de dicho agente active un "interruptor mortal" (aka killswitch) que mate la semilla de inmediato. Esto forma parte de la conspiración chemtrail existente en Internet, aunque esto ya sale completamente de los propósitos de este artículo, si bien tiene algo de relación (de ser cierto).


Durabilidad vs Calidad
Otro caso, no tan estudiado ni denunciado porque no tiene aplicación industrial directa, es el ocurrido con cierta marca dedicada a la fabricación de cuchillas de afeitar. Hace unos diez años, el precio del acero empleado para su fabricación subió de forma considerable. Fue necesario invertir en un acero más barato cuya diferencia principal con el anterior era su menor dureza. Esto tenía una ventaja pero un inconveniente: Su afilado en máquina era más fácil y barato de llevar a cabo, pero en cambio el templado necesario para garantizar las mismas tolerancias de corte se incrementaba hasta cuatro veces.

La solución adoptada pasó por producir las cuchillas sin templar, incrementando el número de ellas montadas en el cabezal para conseguir mayor durabilidad. A priori esto puede llevar a pensar que se consigue lo mismo que antes pero con más gasto para el fabricante porque tiene que emplear más acero. Pero lo cierto es que el no templar reduce mucho los costes y la durabilidad está aproximadamente entre un 50 y un 60% de los modelos anteriores. Desde el punto de vista del marketing sin embargo, tener más cuchillas da un corte perfecto en el primer uso y se vende como un producto superior, por lo que se puede incluso justificar un incremento en el coste.

Esto no ha sido denunciado porque no se puede achacar directamente a obsolescencia programada, sino a una reducción en la calidad de fabricación que tiene como consecuencia una duración más limitada. Ciertamente, el fabricante (y quienes han analizado este hecho), tienen datos precisos sobre cuanto puede llegar a durar en unas condiciones delimitadas y esto hace que nos preguntemos hasta que punto no habrán hecho cálculos para equilibrar la relación durabilidad de los recambios / coste de producción a su favor.


Límites tecnológicos
Un tercer caso, este que he podido comprobar en persona, es relativo a los sistemas de seguridad empleados en los túneles de metro para mantener la calidad del aire. Se trata de una tecnología que si bien lleva bastantes años en el mercado, no ha sido hasta hace relativamente poco tiempo que ha dado un salto importante. Se trata de los sensores TDLA, que se basan en un láser capaz de medir concentraciones de gases en un medio con gran precisión. En este caso, se emplean para medir concentraciones nocivas de CO y otros gases, no solo de forma estática sino también en movimiento. Es decir: Pueden detectar una corriente repentina de aire que los arrastre, sirviendo para detectar un posible incendio en un tramo largo de túneles, (junto a otros medios como fibrolásers, anemómetros y similares).

El problema de esta tecnología es que emplea unas lentes de enfoque que tienen unos márgenes de tolerancias sumamente pequeños. De sobrepasarse, las medidas podrían no ser solo falseadas, sino que podrían resultar peligrosas al marcar falsar alarmas. O nada en absoluto. El fabricante recomienda cambiarlas cada dos años de uso, con un coste cercano a los 5.000 € por cada una de ellas.

¿Se aprovechan de nosotros? ¿Está justificado ese coste? Bueno, la respuesta es muy peliaguda. Existen ciertamente, lentes capaces de durar unas seis veces ese tiempo. Los únicos usuarios (confirmados) que existen en el mundo de dicha tecnología son agencias espaciales varias que las montan en sondas robóticas (como la Oportunity o Curiosity), y algunos ejércitos. El incremento de coste no es sin embargo lineal, ya que el proceso de fabricación es mucho más exhaustivo, por lo que se estima que cada una de estas lentes podría costar del orden de 150.000 €.

Es cierto que empresas que hacen estas cosas no hay muchas y eso incrementa el precio. Aunque tampoco la demanda es tan alta como para que baje, ya que no hay aplicación doméstica de estos dispositivos. La cuestión aquí es que si los fabricantes hiciesen lentes que costasen 150.000 € con una duración de doce años, los clientes preferirían gastarse 30.000 € en reemplazar seis lentes en ese tiempo. Es un dineral, pero sigue siendo cinco veces menos.

Esto no es obsolescencia programada. Es un límite de nuestra actual tecnología, ya que por mucho que se especule con materiales compuestos, nanotubos de carbono, grafeno y mil cosas más; la producción masiva es la que es, y sinceramente no creo que con estos nuevos materiales vayamos a entrar en una era de durabilidad infinita por mucho que ahora nos lo vendan como tal, (porque de alguna manera tienen que promocionarse para sacar fondos que les permitan seguir con su empresa).


Desgaste y Mantenimiento
Luego está el tema del desgaste y mantenimiento. Todo vehículo viene con un manual de instrucciones, el cual suele traer un apartado de mantenimiento, (sino un librito aparte dedicado a ello). Antaño era habitual que el manual tuviese todo lujo de detalles para que cualquiera con las habilidades adecuadas pudiese hacer reparaciones sencillas sobre la marcha. Hoy en día, se ha reemplazado por unos periodos de mantenimiento para que lleves puntualmente tu coche al taller a que le cambien el aceite, el filtro de aceite, el filtro de aire, anticongelante, etc.

Esto se hace así porque hay razón en que uno no tiene por que ser mecánico para conducir un coche, y porque son cosas que se desgastan con el uso o pierden propiedades, siendo en algunos casos crítica la necesidad de cambiarlas. Pero claro, luego empieza la psicósis: "Que yo no soy mecánico y no entiendo lo que me están diciendo. Porque dicen en la tele que hay talleres que te timan con la mano de obra y te lo hacen mal. Y he leído en intené que aun tío le hicieron una chapuza mu gorda al cambiarle la correa de distribució y no me fio". Y al final el coche no va al taller, acaba gripando el motor, pillando un calentón de órdago, o gastando el doble de lo normal por el filtro de aire que está más negro que un grillo, etc, etc; todo esto con la consiguiente avería que nos acaba costando muchísimo más que el mantenimiento periódico del vehículo.

En la versión friki de este último caso, la queja es que como los coches llevan electrónica, están programados para fallar de forma premeditada. Que luego el mecánico te enseña la junta tórica desgastada por el uso de una bomba de agua y da igual, sigue siendo la puta electrónica que ha sido hecha para fallar. Que si los coches de antes eran más duros, (pues si: Pero no gastaban cuatro litros de gasoil a los cien kilómetros con 150 CV sin contaminar lo suyo), que si los talleres tienen montado un complot....

Pero no. Piezas móviles tienen un desgaste, razón principal de la refrigeración y la lubricación, que a su vez se desgastan por estar sometidos a unas condiciones de funcionamiento concretas. El mantenimiento no existiría si todo fuese perfecto, pero aun no hemos conseguido encontrar lo que predicaba Platón.


La conspiración
La obsolescencia programada es objeto de muchas teorías de conspiración que giran en torno a la idea de encontrar la fórmula perfecta de obligarnos a pasar por caja, sin que se descubra que están haciendo fallar sus aparatos de forma premeditada. Con el software y las contínuas actualizaciones en teléfonos y tabletas esto es objeto constante de debate. Hay casos en los que es innegable que la actualización genera un empeoramiento del rendimiento en favor de supuestas funciones añadidas, que no funcionan bien porque están implementadas en un hardware obsoleto.

Teóricamente, las actualizaciones son opcionales para que el usuario decida si necesita de estas nuevas funciones o prefiere conservar su rendimiento actual. En la práctica, muchas de estas actualizaciones son obligatorias para poder seguir usando algunos servicios, lo que le hace uno preguntarse hasta que punto estaban de antemano programadas para dejar obsoleto un hardware al cabo de un tiempo.

La verdad es que aparte de los fabricantes hay mucha mente inquieta por ahí con los medios y conocimientos necesarios para desenmascarar la obsolescencia programada tanto en teléfonos móviles como en semillas. Por no hablar de la propia competencia, a la que le faltaría tiempo para denunciar a una empresa rival si detectase algo de esto. Y son pocos, realmente pocos, los casos que saltan a la luz.

Generalmente y como decía antes, las atribuciones de obsolescencia programada son a menudo más una leyenda urbana que un caso real. Y con esto no estoy defendiendo el hecho de que el fenómeno no exista o sea minoritario, sino más bien a que convendría desmitificarlo para poder discernir y denunciar la verdadera obsolesencia programada de la que no lo es. Quizá así se pueda al menos, hacer más difícil su práctica a quienes no dudan en emplear estas tretas para su beneficio.