2 dic. 2016

Menos es Más

Vivimos en una época donde la imagen cuenta y vende más que nunca. Todo debe ser preciosísimo, a expensas del contenido si es preciso. En el mundillo friki, estamos rodeados por una legión de miniaturas, ilustraciones, color y diseño. Mucho diseño. Y hay algo en todo ello, que me apena bastante.

Veréis: Hay al menos un libro en mi estantería que me gusta coger y hojear de vez en cuando, aunque casi no lo juegue, (si bien me he decidido a cambiar esto): Se trata de Twilight 2000, del cual hice una reseña hace poco. Como comentaba en ella, es un  libro super-práctico, que destila facilidades para ponerte a jugar desde la primera página, y con sus buenos módulos inclusive.

Me gusta hojear este libro porque me recuerda a una época donde no era necesario tener unas ilustraciones impresionantes, edición a todo color con tapas duras y un precio de cincuenta euros (como mínimo) para triunfar. Aun más me gusta ver los primos hermanos de este juego, como 2300AD o Megatraveller, que tuvieron la genial idea de dividir sus manuales en dos: Para jugadores y director, de manera que si estabas en el primer y más abundante grupo, tuvieses un manual para ti a un precio más asequible que tener que pagar por los dos si o si.

Algo similar me pasa con los juegos de tablero. Hace poco tenía una trifulca sobre la supuesta complejidad de los juegos que usan hexágonos y fichitas de cartón. Digo supuesta, porque también había cosas sencillas que se vendían en sobres con un cartón y unas reglas impresas en papel, que servían para jugar perfectamente. Algo como los micro-juegos de Steve Jackson Games, por ejemplo. O más reciente, el CEP de Ediciones Sombra.

El resto lo ponía la imaginación. No necesitabas mil y una miniaturas a precios carísimos que luego tenías que pintar y guardar en alguna parte. No, si tú no querías. Y te divertías igual. O al menos, yo me divertía igual.

A mi no me importa que un libro tenga buenas ilustraciones, sea en color o blanco y negro. Casi me importan más las páginas a la baja, y el contenido a la alza. O el tamaño del libro. En cualquier caso, lo más importante para mi es que sea funcional y me permita sentarme en una mesa a jugar a rol. Que el preciosismo no me estorbe. Disfrutar un libro leyéndolo es importante, pero si no puedo jugar con él para mi es un fallo.

Con los juegos de mesa hay también un detalle que me revienta, y es el tiempo de "preparación" que tienen algunos. Tú quedas con tus colegas una tarde, y echas una horita fácil solo en sacar todas las fichas de sus bolsitas, ponerlas sobre el tablero, repartir las fichas, resumir las reglas, etc, etc. Y si no quieres esto, entonces pasas directamente al formato "filler", que tira del mismo concepto pero a escala reducida en todos los sentidos. Al final tienes lo mismo pero menos denso y más simple. A veces tan simple que por eso el 99% de los fillers del mercado no me gustan.

Yo pregunto: ¿Y que hay de usar menos fichas y tirar más de lápiz y papel para llevar un control de las cosas? Me acuerdo de cuando algunos juegos venían con una libretita e incluso un lápiz, o te decían que agarrases una libreta o un cuaderno y fueses apuntando esto y aquello. Las reglas las tenías que aprender igual, eso seguro. Pero la preparación era mucho más rápida, y aprovechabas más la tarde sin renunciar a disfrutar de un juego con cierta complejidad.

Siempre se dice que la "generación de la PlayStation" está atontada de estar mirando a una pantalla haciendo cosas sin pensar, (que esto hay que cogerlo con pinzas también, pero bueno). Pero el concepto de que lo que entra por los ojos atrae más sin que por ello tenga que aportar realmente más está ahí. Y a veces no queremos admitir que lo copa todo. Que estamos "seguros" en nuestro mundo de libros y textos.

Como digo arriba, en si mismo esto no me parece malo y no debe ser malo. Pero sin renunciar al propósito principal del juego, sea el que sea, que es jugar.

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